Zara hace fiestas de despedida de solteros, y de divorciadas ahora también parece, que hay cada vez más, y se divierte bastante aunque las minas la toquen. Es que un bulto es un bulto, piensa, y aunque esté en un tipo o en ella, tiene la misma atracción, se la sacan y se la zamarrean. A Zara le gusta el calor de Héctor, y a Héctor abulonársela, así le dice a sus amigos, a Zara. Zara hace lo que sea para vivir sin necesitar cojerse a ningún viejo feo, ni que se la coja ningún gordo desagradable, lo demás no le da asco, le gusta bastante, la calienta. Igual la parada la hace. Va, está, elige, y con un uno o dos por días paga el departamento. Héctor la ayuda, que suerte que pegué ese chongo divino, piensa. A Héctor no le gusta el calor de Zara, es el peor momento para él de los momentos que está con ella, verle algún pelo desordenado, y algunas de sus formas masculinas queriendo ser abrigadas por él. Zara transpira más que él, Héctor piensa que Zara es más hombre que él, un hombre más musculoso, más grandote y que lo cagaría a palos si alguna vez se peleasen y ella no actuara como Zara. En ese momento se despega, ella transpira, y es lo más evidente que se le ocurre y desagrada de ella. Después la mira y le gusta más que ningún hombre o mujer, y ella le dice te quiero porque sos mi nochecita cálida, y él no sonríe pero la agarra del pelo y le mete bien la lengua por toda la encía y ella le pide que le bese los pies, y él lo hace con mucho placer.
Zara juega a los flippers a la tarde, le gusta uno de batman que le da más créditos que los otros y la mantiene más ocupada. Le pega a Robin, le pega al batimóvil, y se sube a rescatar a la chica por 200000 puntos más y viene el bonus, cuando da la vuelta el extra bonus, y justo un happy hour y le pega al dibujito de un gordo con paraguas, chau le di al pingüino, grita, y se le acerca uno del pool y mira, mira el juego y la mira a ella y le dice cosas obscenas al oído y ella le contesta que eso se lo guarde para cuando se la esté cojiendo y el tipo medio sonrojado vuelve a meter la blanca en la tronera. Héctor es administrativo en una empresa que hace fletes, y ya hace como diez años que trabaja ahí y es medio el jefe del sector que no tiene jefe y gana algo como para pagarle gastos a Zara y que ella reserve para él unas noches a la semana. Despacio se fue metiendo entre sus pelos y se fue dejando enamorar por ella, que le canta a veces a la noche algunas canciones que él no conocía antes pero que ahora le encantan. Él no deja ni que le roce el ano con el dedo, aunque ella lo intente, y le dice que no le diga así cuando le dice putito, definitivamente no me gusta que me llames así. Y ella le dice que es un juego y él la calma cuando ella se despierta con pesadillas tremendas golpeando la cama y pegándole, estoy acá Zara y la acaricia. Él se enoja bastante cuando ella le dice que ella no es de nadie, y él le dice que es su mujer y a ella le gusta y él le sigue diciendo a su mamá que ya está harto de las mujeres y que no se va a casar y que se olvide de los nietos. La madre prende velas en su altarcito donde tiene la foto del difunto padre, el Emilio, y le pide a Emilio, porque dios no la escucha y a ella no le interesa ya si la escucha porque igual si lo hace no hace nada. Emilito dale a Héctor una buena mujer que lo acompañe y le dé hijos, y le prende todas las velas, rojas, lilas, hasta negras le prende.
Ella le dice no me sueltes que me muero y le agarra el culo para que él entre más en ella y él se ríe cuando ella llora porque se acaba y ella le dice que cuando se acaba ve en colores, pero con los ojos cerrados, como si fuera que veo en la mente le dice. Y le explica que significa cada color, el amarillo es sensación de paz y el rojo que se acerca, es el orgasmo que le viene, y hay como un bermellón muy intenso en el estallido y después todo es verde que acompaña los últimos espasmos que la ciegan y no le dejan ver más colores. Y él no le contesta pero fuma y le dice que sí con la cabeza para que ella prosiga. Si ella le dice te quiero él ya aprendió que tiene que decir yo también, y no yo estoy bien, como le dijo una vez y se armó la de sanquintín. Aparte siente que la quiere, y a veces se lo dice sin que ella se lo pida, y se le acerca y le mete manos sin que ella se mueva. Ella le dice que está enamorada y que dejaría todo por él, que se vayan lejos, a otra parte donde estén mejor, donde nadie los conozca. Él piensa en Córdoba, pero nunca lo piensa en serio, aunque hablan de la posibilidad, del precio de los pasajes, de dónde quedarse, de qué hacer allá. Ella dice que hay que hacer algo para el turismo, y le diseñó todo un proyecto que él prometió observar con su ojo comercial. La cuestión es que Héctor, un día era su amor y dos días después se había casado con una compañera de trabajo mayor que él sin siquiera despedirse y Zara ahora tiene que trabajar más, y cojerse a cualquiera y entregarle el orto a todos los gordos babosos de autos con vidrios polarizados, y aunque eso la revienta, Héctor, que él no se haya jugado por su amor que era verdadero es lo que más daño le hace. Me mata, dice, y se agarra el pecho. Trata de pensar que el destino es así, que si él no se la bancaba iba a venir otro que por suerte sí, y gracias a dios, en el que ella sí todavía cree, pueda compartir su vida con un compañero que la valore y no la juzgue, que la goce como mujer, y que comparta un verdadero proyecto de vida con ella. Porque ella es una mujer de bien, que hace sus cosas, pero que no le hace daño a nadie, y que no anda prometiendo cosas que no puede cumplir. Y aparte sabés qué, dice, me lo merezco, porque yo me la juego todos los días, y pido poco, eso sí te lo digo en serio, pido muy poco. Y su amiga le dice que sí con la cabeza, mientras fuma y le hace con la cabeza también otra seña a un auto que viene parando, para que pare más adelante, y cuando se acerca y arregla el precio y se está subiendo la saluda a Zara, que le grita cuidate nena.
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